"La paciencia es la más heroica de las virtudes, precisamente porque carece de toda apariencia de heroísmo". Giacomo Leopardi.
Entre maderas y colas, instrumentos de tallado y prensas, se escabulle el luthier desestresado y observador, para tocar con amor y paciencia la madera de su próxima creación.
Desde otros planos, mirando detenidamente, la composición inerte del taller, aquella disposición de viruta y naturaleza muerta, la distribución de los puentes, las fijaciones de la madera secándose hora tras hora, día tras día, mes tras mes, nos lleva a una miniobra arquitectónica que será habitada, a ratos, por el silencio, la luz, las vibraciones y los acordes.
Desgarra y desbasta con suave cálculo lo que sobre, y no se distrae, mas que en sí mismo, en el pensamiento, reflexivo, de las medidas y las distancias, calibrando aquí y allá, construyendo, tan sólo siendo y aprendiendo.
Martin Blackwell - Luthier de Canadá.
La mejor lección que deduzco de la observación del trabajo del luthier, es que se aprende a ser y estar en el presente, siendo plenamente consciente de sí mismo y su lugar en el mundo, en la delgada y frágil línea del tiempo y espacio en la cual como humanos nos hemos aprendido a encasillar, por no conocer lo sublime que encierra lo imperecedero, lo eterno, lo que jamás se degrada. El tan solo está, existe, es tan sólo él mismo, allí, embebido.
Sus manos se van siguiendo delicadamente la veta de la madera, acariciando como si de una ferviente amante se tratara, revisando detenidamente las marcas, impregnando con su tacto cada acabado, cada paso.
Ricardo Louzao - Luthier de Brasil.
El reflejo de cada acción, concienzuda y milimétrica, sólo puede ser consignado y observar su crecimiento exponencial en el tiempo, una acción que sobrepasa la longevidad de una existencia, creando un objeto inanimado que al recordar de mano de un instrumentista melodías pasadas cobra vida llenándonos de emoción, y a veces recordándonos, aunque pasemos entre tanto dolor y drama, que aún se puede ser orgulloso de nacer humano. Aunque ese orgullo se nos pase de largo con tanta normalidad.
Citando el parrafo de Frasquito, luthier español por pura pasión: "Pero qué es la luthería, oficio, artesanía o arte. Si es un oficio, la pasión me sobra, si es una artesanía me falta la destreza y la habilidad comercial, pero si es un arte, aún peor, me falta el talento. Sólo me queda un consuelo: el propio tiempo."
De Fernando Solar Soriano, luthier con familia de mas de dos décadas de tradición en la fabricación de violines que incluso ha subastado algunas de sus piezas en la famosa Sotheby´s, podemos mencionar éste párrafo que nos indica la naturaleza intrépida e investigadora de la que se arman seres tan especialmente concebidos para atrapar tan comunes vibraciones en su forma auditiva: "Mi tiempo era una época en la que todos teníamos que ser universitarios y aprender un oficio se denotaba como algo de segunda. Ahora se ve más normal que un arquitecto que no encuentra trabajo y al que siempre le ha gustado reparar bicicletas monte una tienda para buscarse la vida haciendo algo que se le da bien. Cosas de la crisis. El trabajo de aprendizaje como luthier no acaba nunca y debe de ser así. Hay que progresar, aspirar a ese violín perfecto, aunque sabes que nunca llegará. Porque si crees que lo has conseguido, te equivocas. Siempre hay que aspirar a hacerlo mejor, a llegar a lo máximo".
En este extracto de la revista digital REVISTACABAL, podemos leer: "El trabajo artesanal lleva su tiempo. “Una espineta me lleva tres meses de trabajo y un clave grande, seis o siete”, detalló en una entrevista el luthier Leopoldo Pérez Robledo. “La construcción de un clave es algo delicado. Durante toda su vida va a estar sometido a una presión por la tensión de las cuerdas de 900 kilos, que es como si le apoyaras un auto encima. Y eso tiene que aguantar, y no doblarse. Es un trabajo para un chino. Un chino paciente”, bromeó."
Es el luthier, la persona mítica, que con la paciencia de un mago o alquimista, convierte el producto de la tierra en música, se encarga de sorprendernos con el truco de un tensa caja natural, con los sonidos de épocas y culturas que aún permanecen intactas en la tan mencionada memoria colectiva de Jung, porque las épocas y las músicas también han de confluir de manera genética en todos y cada uno de nosotros.
"Una vez por semana, enseña gratis a los otros lo poco o mucho que sabes. Lo que les das, te lo das. Lo que no les das, te lo quitas." Alejandro Jodorowsky.





